Los esfuerzos por aprovechar el poder del sol se remontan a la antigüedad, cuando los griegos y los romanos usaban espejos ardientes (espejos cóncavos que concentran los rayos del sol) para encender antorchas. El primer colector solar conocido del mundo, un dispositivo que capta la radiación solar, se inventó en 1767 y luego se empleó para cocinar alimentos. Luego, a finales de la década de 1800, se produjo el advenimiento del primer calentador de agua solar comercial y la primera celda solar, un aparato que podía convertir la luz en electricidad.